Seamos el Kant de la inteligencia emocional


Decía Kant, el filósofo alemán que nos hizo padecer a más de uno con la Crítica de la razón pura, que la inteligencia de un individuo “se mide por la cantidad de incertidumbres que es capaz de soportar”. 

Entonces, más allá de ser un filósofo inentendible para la mayoría, Kant resultó ser un visionario de la psicología, pues esa frase es la síntesis de lo que hoy conocemos como inteligencia emocional, una variante de las múltiples inteligencias existentes, que ahora, más que nunca, es crucial para superar este mal capítulo de Black Mirror que estamos viviendo. 


Y es que, si tuviéramos que definir con una palabra el aura que rodea todo el tema del Coronavirus, sería justamente incertidumbre: no sabemos qué va a pasar con nuestra cotidianidad, las clases, el semestre, las deudas, la sociedad, la economía, la salud, el mundo, el amor, nuestra vida. 

Bueno, tampoco es que lo tuviéramos todo resuelto antes de la pandemia, pero las nociones de lo que considerábamos indispensable, esencial o importante pueden cambiar considerablemente y a la vez generarnos algo de angustia o temor. 

Por esta razón, cultivar nuestra inteligencia emocional es indispensable para mantener la tranquilidad, superar el momento, proyectar el futuro y de paso salir fortalecidos de esta lección no pedida que nos ha dado un murciélago, y no el de Gótica.


Pero ¿qué es la inteligencia emocional y cómo empezar a cultivarla? En una definición básica, la inteligencia emocional es el conjunto de habilidades mentales que nos permiten identificar y regular nuestras emociones y sentimientos e identificarlos en los demás, para lograr una mayor empatía

La mejor forma de empezar a desarrollar la inteligencia emocional es la introspección. Ahora que contamos con tiempo en nuestros hogares, podemos destinar unos minutos a reflexionar sobre las situaciones cotidianas que se presentan y los sentimientos o reacciones que nos causan. 

Este conocimiento de nosotros mismos es el que nos permitirá posteriormente regular las emociones en distintos escenarios y canalizarlas de una forma apropiada. 

Aclaremos que no es reprochable sentir cualquier emoción, pero la idea es que no nos desborden o dominen para evitar reacciones desmesuradas de las que podamos arrepentirnos luego. 

Cuando reconocemos las emociones que nos provocan diversas situaciones, podremos anticiparnos a ellas, respirar, canalizarlas y responder o actuar de una manera acorde a nuestra forma de ser. 

Nuevamente: no se trata de reprimir, sino de mejorar nuestras reacciones para lograr una mayor empatía con los demás, mejorar nuestras relaciones, aportar a la convivencia y dominar los episodios que nos generan angustia o temor. 

Por otra parte, en estos tiempos, es importante distraernos. No importa si es cazando retos por Instagram, si jugamos parchís con nuestros amigos (con moderación que este juego puede acabar amistades), ojalá haciendo ejercicio, subiendo las rutinas así a nadie le importen, comiendo en familia, viendo memes, aprendiendo algo nuevo en cursos online o en tutoriales de YouTube, escribiendo o, por qué no, trabajando para aportar un granito de arena en esta situación

Finalmente recordemos que la angustia, como la rabia, no es buena consejera. Por eso, lidiar con ella, al igual que con el estrés y el temor, nos ayuda a mejorar nuestra condición física y a mantener nuestro organismo con las defensas altas, lo que es necesario para enfrentar el Coronavirus. 

Por su puesto, aquí nos referimos a episodios moderados, pues entendemos que en muchos casos este tema requiere de ayuda especializada. Como invitación: normalicemos incentivar a alguien a pedir ayuda psicológica si lo necesita para enfrentar situaciones difíciles y no plantear inconvenientes al respecto si nos enteramos de alguien que piensa hacerlo. 




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